En los últimos días, el territorio argentino ha vivido un intensificador de condiciones climáticas extremas, marcado por elevadas temperaturas, humedad prolongada y tormentas severas en múltiples regiones del país. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ha activado alertas para múltiples provincias, indicando un aumento en la probabilidad de precipitaciones intensas y vientos fuertes. Este fenómeno no solo impacta en la vida diaria, sino que también genera preocupaciones para la seguridad y la preparación ante posibles daños en infraestructuras y cultivos.
El informe del Servicio Meteorológico Nacional revela que en las últimas 48 horas, el centro de la región ha registrado lluvias excepcionales, con cifras que superan los 35 mm de precipitación en la provincia de Mendoza, equivalente al 80% de lo esperado en un mes completo. Este incremento en la actividad pluviométrica no es casual; está vinculado a la interacción entre el sistema de alta presión y las corrientes tropicales en el Atlántico Sur. Estos sistemas, al unirse con el clima cálido y húmedo de la zona, generan condiciones ideales para la formación de tormentas intensas.
La alerta amarillo del Servicio Meteorológico Nacional, emitida el lunes 23 de febrero a las 6:26 horas, cubre áreas como el norte de la provincia de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y otras regiones que reportan mayor riesgo de inundaciones. Según datos del SMN, estas alertas están vinculadas a la presencia de sistemas de baja presión que transportan grandes cantidades de humedad desde el sur del país hacia el norte. Este patrón climático, característico de la transición entre el verano y el invierno, suele ser intensificado por la influencia de los grandes sistemas atmosféricos.
En el contexto nacional, el fenómeno observado no es aislado. Según información reciente, más de 5 provincias en el interior del país están en alerta por lluvias intensas, ráfagas de viento y posibles daños en cultivos. El aumento en la actividad pluviométrica ha generado una respuesta inmediata del SMN, que ha activado alertas para múltiples regiones, incluyendo áreas que históricamente suelen ser menos afectadas por precipitaciones. Este aumento en la actividad climática refleja una transición climática que, aunque no es de carácter global, muestra un aumento en la intensidad de los eventos extremos.
Los expertos destacan que los sistemas climáticos actuales están relacionados con la interacción entre el clima tropical y las corrientes árticas, lo que genera una mayor concentración de humedad y energía en las zonas más vulnerables. La combinación de estos factores ha llevado a la activación de alertas en múltiples regiones, con un enfoque particular en la prevención de inundaciones y daños en infraestructuras.
El Servicio Meteorológico Nacional advierte que, en condiciones de precipitación intensa, las inundaciones son el riesgo más inmediato. Los efectos pueden incluir daños en áreas urbanas, afectación a redes eléctricas y riesgos