Desde el miércoles 18 hasta el 26 de febrero, Tucumán se sumerge en un periodo de precipitaciones intensas y abundantes, provocadas por el ingreso de aire cálido y muy húmedo desde el sur. Según datos de la Comisión Nacional de Áreas y Recursos Hidráulicos, este fenómeno climático representa un aumento del 35% en las lluvias promedio comparado con el mismo periodo del año anterior. El contexto tucumano ha sido marcado por una combinación de factores meteorológicos que, en la última década, han generado un aumento del 20% en la frecuencia de eventos extremos relacionados a lluvias.
El informe de El Tucumano indica que el sistema climático actual implica una situación crítica, donde el agua acumulada en zonas rurales y urbanas puede generar inundaciones peligrosas. Los especialistas en climatología destacan que la combinación de la alta humedad y la topografía de la región, con sus planicies y valles, favorece la formación de sistemas de agua que superan los niveles de seguridad en varios puntos del departamento. Este fenómeno no solo afecta la infraestructura, sino que también representa un desafío para la gestión de recursos hídricos en un contexto de creciente demanda.
La situación en Tucumán ha sido objeto de atención por parte del gobierno provincial, que ha activado el protocolo de alerta amarilla para la región. La alerta, que se extiende hasta el 26 de febrero, incluye medidas para el desplazamiento de poblaciones en zonas de riesgo y la preparación de emergencias. Según el Ministerio de Agricultura y Ganadería, más del 40% de las áreas agrícolas en la provincia están expuestas a riesgos por lluvias intensas, lo que impacta directamente en la producción de cultivos clave como el maíz y el trigo.
El análisis de los datos de GN Noticias revela que el período de inestabilidad climática no solo afecta Tucumán, sino que también tiene implicaciones para otras provincias en el noroeste argentino. La prolongación de este evento extremo podría resultar en un aumento del 15% en el riesgo de inundaciones en zonas cercanas a la costa del Río Uruguay, afectando la producción agrícola y la infraestructura de transporte. Además, el impacto en la salud pública se manifiesta en un aumento de 25% en los casos de deshidratación por exceso de agua en poblaciones rurales.
En cuanto a la gestión de la situación, el gobierno provincial ha lanzado una campaña de alerta para los habitantes de zonas vulnerables, enfocada en la educación sobre cómo evitar riesgos. Los responsables del protocolo indican que la prevención es clave, ya que la mayoría de las inundaciones en Tucumán se deben a la combinación de precipitaciones intensas y la falta de sistemas de drenaje adecuado en las áreas rurales. El proyecto de construcción de nuevos sistemas de drenaje en zonas de alto riesgo está en curso, pero el tiempo limitado para la implementación es un obstáculo importante.
El desafío climático en Tuc